18. Pertenecer a la Iglesia

(Arnold, febrero 2006)

¿Se puede estar alegre y pertenecer a la Iglesia? Hola, soy Armold. Tengo 21 años, soy de Tenerife. Una de mis compañeras de piso me dijo que me metiera en esta página y yo nunca había visto nada de esto, porque soy creyente pero voy poco por la Iglesia. Mi mundo es la moda, ahora me estoy preparando para presentarme mister norte. Ella siempre está alegre, hay momentos que nos damos cuenta que está agotada por el trabajo y siempre tiene un rato para estar con nosotros y mostrarnos una sonrisa y escucharnos reise. Sabe que pasamos de ir a misa y rollos de eso, nos respeta. Pero que nada, que viendo vuestra página y el ejemplo tan cercano de mi compa... ¿Se puede ser creyente y no como el cura de mi pueblo y los que están alrededor? Ya veo que se puede ser alegre y estar dentro de la Iglesia.

(Fr. Vicente, febrero 2006)

Hola, Arnold. Es para nosotros, los de esta página, un honor tenerte entre nuestros lectores. En primer lugar quiero dar las gracias a tu amiga: sin duda es la mejor manera de vivir la pagina Web, escribiendo en ella; por eso quiero comenzar por dar las gracias y felicitar a tu amiga. Gracias, amiga de Arnold... Veo por lo demás, Arnold, que eres un tipo sensible, y que vas buscando algo en la vida. Lo que se ve a través de tu breve comunicación es que por lo poco que conoces, hablas. Es decir, por tu amiga y compañera. Hay opiniones que dice mucha gente sin saber si se han tomado la molestia de comprobar si es verdad o mentira. Entiendo que el bombardeo es constante y pertinaz, como decía un amigo.

¿Se puede ser feliz en la Iglesia? Pues yo te diría que pruebes, que oigas a tu amiga, que intentes conocer un poco más este nuestro mundo, pero por dentro, no por etiquetas o por lo que dicen otros más interesados en hablar en contra que en ser sinceros, y hablan de lo que no conocen. Intenta acercarte a Jesús, a su Evangelio, a personas que te ofrezcan confianza, pero por ti. Prueba y luego me dices. Naturalmente que entre nosotros hay también gente despistada, la excepción confirma la regla. No sé si me dirás que pretendo mucho, pero pienso que lo que dices es por que hay en ti algo de verdad, un deseo de algo más. Sí que te diría que pienses en tu vida, que recuerdes cuando te has sentido mejor, y verás que sólo con dinero, fama y prestigio, no se construye la felicidad. Recuerda esta frase de san Agustín: "Nos hiciste para ti, Señor, e inquieto está nuestro corazón hasta que descanse en ti". No me voy a extender ahora en profundas reflexiones. Lo que te digo es eso: Acércate, conoce, vive; y luego "si encuentras algo mejor, te devolvemos el dinero". Un saludo, Arnold.

(Cándido, febrero 2006)

Hola Arnold: Me sorprende tanto como me alegra ver un mensaje desde un lugar tan distante a nuestra parroquia. Espero que ésta no sea tu única visita a nuestra web. Sobre el tema que planteas y de forma breve solo puedo decir lo siguiente: Cualquier filósofo, psicólogo, economista o quien se encargue de estudiar estas cosas te dirá que el hombre busca satisfacer sus necesidades y que según va consiguiendo las más básicas se buscan otras más elevadas. Ser feliz es sin duda una de las necesidades y deseos más elevados y que ocupa la mayor de nuestras ocupaciones y preocupaciones. Es su consecución lo que nos hace movernos y cuanto hacemos va encaminado a conseguirla. Cuando trabajo, cuando leo un libro, cuando veo una peli, cuando salgo con los amigos, cuando hago compras... todo lo hago en el deseo de ser feliz. Y cuando me refiero a la felicidad no me refiero a la alegría que se puede sentir en un momento especial, sino a un estado permanente de ánimo. Cuando de adolescente empecé a plantearme ciertas cosas de la vida lo que hice fue observar cuanto ocurría a mi alrededor. Ciertamente el mundo no es siempre un lugar agradable y fácil.

Lo que si puedo decir sobre las personas que observé, cercanas a mi o simplemente conocidas por los medios de comunicación es que en las "personas de Iglesia" ( por llamarlas de alguna forma) había una alegría y tranquilidad que difícilmente encuentro en el resto de personas. Es a estas personas a las que siempre he intentado parecerme y a las que he tenido siempre como modelo y ejemplo y es con ellas con las que he conseguido ser lo más parecido a la felicidad buscada. Gran número de los momentos felices que guardo en mi recuerdo están relacionados quizá no siempre con "momentos religiosos" pero si con "gentes de Iglesia". Ciertamente no todos los que "van a misa" son ejemplares o simplemente no pueden ser un modelo válido para ti. Pero fíjate sencillamente en tu amiga, observa que tiene ella de especial, preguntante (y pregúntala) cómo sería ella si no viviera lo que cree. A tu pregunta de si se puede ser feliz dentro de la Iglesia sólo puedo contestar que es el único ámbito en el que yo particularmente he sentido y vivido lo más cercano a cualquier definición de felicidad. Mi mayores deseos de felicidad para ti y tu amiga. Cándido.

(Fr. Víctor Manuel, febrero 2006)

Hola Arnold. Es este el segundo mensaje que escribo en el foro y le estoy cogiendo el gustillo. De tu carta me ha gustado mucho la franqueza con la que expones tu postura... y la razón que tienes al sugerir que ir a la Iglesia y ser cristiano parece a veces un pobre negocio, una triste historia. Hoy lo hablaba yo con uno de los sacerdotes con los que vivo -vivo en Roma donde estoy acabando mis estudios en teología- y opinábamos los dos lo mismo: no se puede vivir algo tan hermoso como el Evangelio de Jesús desde las leyes, las obligaciones, las renuncias, el miedo...

Creo que nos podemos entender bien porque al estar en el mundo de la moda, seguro que tienes una sensibilidad especial para apreciar la belleza. Yo creo que la belleza es la clave para mirar a la gente, para mirar el mundo, para vivir la vida. Hay muchas cosas negativas, mucho dolor por ahí -mucho- pero cada persona tiene tantas cosas dentro que son hermosas, que son dignas de ser queridas... Cada persona merece ser querida, sin que tenga que hacer para ello nada. La vida vivida con él, con Cristo, en la Iglesia es algo tierno y delicado, fascinante y muy comprometido, porque hay mucha infelicidad por todo el mundo, a la puerta de nuestra casa y también dentro. Desde todo lo que conozco la Iglesia, puedo decir que la amo, que conozco sus lados menos lindos aunque no tan bien como conozco los míos, que son algunos de los que afean el rostro de la Iglesia cuando alguien me mira y se decepciona con la Iglesia por mi causa.

Vivir en la Iglesia es creer que Jesús vive, que es posible creer en su proyecto, en su revolución, que es verdad que el Amor es el camino donde todos nos encontramos (Gandhi lo llamaba Paz, Francisco de Asís Fraternidad, Teresa de Calcuta Compasión). Para mí, franciscano y sacerdote, vivir en la Iglesia es la consecuencia de creer en Jesús, de saber y sentir que vive y que me hace capaz de vivir para los demás, para aliviar su cansancio o escuchar sus problemas, para acompañar soledades o abrazar su llanto.

He tenido la suerte de colaborar tres años en una cárcel y pasar seis preciosos meses en nuestras misiones de Bolivia y, desde ese tiempo bendito, te puedo decir que no me cuesta querer apasionadamente a los hombres y mujeres que se me cruzan en la vida. Eso es para mí vivir en la Iglesia: aprender de Jesucristo a amar a Dios y a cada uno de los que han salido de sus manos. Después de este speech que te he largado, te mando un abrazo y pido disculpas por no haber sido más breve. Cuídate, goza de la belleza de la vida y sigue buscando la verdad... que es la que nos enseña a reconocer la primera. VICTOR MANUEL.



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