21. Lo inoportuno de subvencionar a la Iglesia

(Alejandro, marzo 2006)

Ante todo quiero poner de manifiesto que no quiero ser antipático ni descortés con quienes han montado este sitio. No pretendo molestar a nadie, sino expresar con libertad una postura personal, lo cual creo que no será extraño en un sito franciscano. No estoy de acuerdo con que, a estas alturas, y en un régimen democrático, el Estado deba pagar a una organización religiosa, la Iglesia, a una confesión religiosa entre tantas. Esta tiene muchos privilegios que son fruto de una historia de relevancia -hay quien dice de poder- que hoy le cuestan buenos euros a este Estado laico.

Quien quiera ir a la iglesia, quien quiera ir al cine, quien quiera ir a conciertos para entretenerse o para dar calidad y disfrute a su vida que lo haga, pero que se lo pague él. No me parece justo que paguemos todos con esos fondos de compensación con los que se engorda el pico de la asignación tributaria, ya que en ese TODOS hay gente de muchas creencias que no puede decidir el dar esa parte del dinero publico a su grupo religioso o no religioso. Nada más. Hoy por hoy tenemos que superar viejas costumbres y vicios atávicos del pasado, pues los tiempos que corren nos piden otra cosa, algo mas actual que no dé la espalda al mundo que progresa.

(Fr. Luis, marzo 2006)

¡Paz y bien! Hola Alejandro: Bienvenido al foro, donde no sólo puedes colgar tus preguntas y opiniones, sino que ha sido concebido para eso: un foro libre y abierto, cristiano y franciscano, que responde a las inquietudes, comparte opiniones y aporta su llamita de luz cuando puede, con humildad, desde el Evangelio y en comunión con la Iglesia.

Tienes razón en quejarte, si el Estado pagase a la Iglesia por ir a Misa, ser cristianos, etc. Sería una injusticia... en especial para los no creyentes o creyentes en otras confesiones que no reciben la misma "subvención". Pero resulta que la cosa no es así. Resulta que la Iglesia Católica en España, hoy, mantiene 5.141 centros de enseñanza, 107 hospitales, 365 centros de reeducación social, 305 consultorios familiares, 937 orfanatos, 277 asociaciones de pastoral penitenciaria, mantiene el 80 % del patrimonio histórico-artístico, sin contar los cientos de centros de Caritas, Manos Unidas, albergues... (seguro que tú conoces tres o cuatro). Se ha calculado (¡fuentes objetivas!) que la Iglesia ahorra al Estado español más de 31.000 millones de euros al año. Y a cambio de toda esta labor, crispación, incomprensión... y una pequeña limosna con la que piensan que nos enriquecen. No sé si sabes que España es uno de los países de la Unión Europea que menos aporta, a través del IRPF, a la Iglesia: por ejemplo, Alemania otorga del 8 al 9 %, Italia el 0\'8... y España, ya lo sabes, el 0'5239, y encima sólo de quien ponga la X en la casilla.

Yo también deseo que nuestra Iglesia sea cada vez más pobre y evangélica, libre de cargas, dineros y subvenciones... Pero admito que, gracias a eso, podemos atender, sólo en centros católicos confesionales, a 990.774 alumnos (colegios), 51.312 enfermos (hospitales)... No está nada mal, ¿no? Un fuerte abrazo: fr. Luis.

(Fr. Víctor Manuel, marzo 2006)

Salud y paz, Alejandro. Tu mensaje podrá agradar más o agradar menos, pero es tu opinión y tienes derecho a plasmarla, a expresarla. Después del mensaje de Luis me queda poco que decir, y sólo quiero con estas líneas compartir contigo mi parecer sobre algunos puntos de tu mensaje. Lo de los privilegios de la Iglesia es algo que nos suena a estribillo últimamente, lo cual no le quita importancia... si fuera cierto. La Iglesia no tiene NINGUN PRIVILEGIO, ayuda o prestación QUE NO ESTÉ A DISPOSICIÓN DE CUALQUIER ORGANIZACIÓN de corte social o religioso que como tal se inscriba en el Ministerio de Justicia y, desde esa inscripción, las solicite a la instancia u organismo pertinente.

Cierto que tenemos en la Iglesia ventajas fiscales a la hora de abrir y sostener escuelas, leproserías, comedores públicos, hospitales... y cierto también que no es justo el que las disfrutemos sólo en la Iglesia Católica, pero parece ser que esa serie de 'negocios lucrativos' (escuelas, leproserías, comedores públicos, hospitales...) no son prioridades de muchos más. Qué le vamos a hacer. Ves, en esto tenías toda la razón: no es justo que sea únicamente la Iglesia la que disfrute del privilegio de ocuparse de tantos como están dejados de todos menos de la mano de Dios. Seguro que coincidimos en que todo privilegio que exceda de estos no es legítimo aunque, honestamente, creo que de esos cada vez quedan menos, lo cual nos da una libertad enorme.

Lo del estado laico es otra cuestión que conviene coger 'con pinzas'. España es un estado ACONFESIONAL, mientras que lo de 'estado laico' es una etiqueta propiedad mayormente de nuestro vecino francés y que implica un corte de laicismo militante que no hace sino restar espacio de libertad a quien no quiere ignorar el hecho religioso bajo la forma del credo que profesa y vive. Lo de prohibir portar signos religiosos -en Francia- es una bonita forma de defender la libertad de culto, una forma también instaurada en los regímenes islámicos.

Ya para terminar te doy también la razón en lo de que la Iglesia le da la espalda a un mundo que progresa. Mientras que la globalización trata de hacer propiedad de todos lo que sólo estará al alcance de algunos, sin respetar el justo precio de los productos y materias primas en origen, la Iglesia trata de ocuparse particularmente de aquellos a los que esa bicoca de mercado internacional no hace sino hundir en la deuda externa y en la miseria interna. Somos unos retrógrados, si señor, pues además mientras que los intereses económicos, ideológicos y estratégicos siembran de tráfico de armas y conflictos bélicos el globo, la Iglesia no cesa de luchar con denuncias, trabajo y sangre derramada contra ese desarrollo económico, tratando de frenar esa evolución tecnológica que tanto bien hace en favor de ciertos mercados y tan poco a la hora de abaratar los retrovirales en la lucha contra el SIDA en África o desarrollar una vacuna contra la malaria -la mayor causa de muerte en el continente negro-. Se dice que no estamos con los tiempos porque tenemos otra concepción de la sexualidad, de los derechos de los seres humanos aun no nacidos, de la dignidad de la persona enferma o moribunda, de... pero creo que detrás de esa acusación hay algo de intransigencia y falta de compromiso con la causa del ser humano, de todo ser humano (permíteme este atrevimiento).

En la Iglesia tenemos tanto que purificar, todos, en justicia, pobreza, radicalidad en nuestro compromiso por los más pobres, etc, pero que seamos canijos y hasta mediocres en algunas cosas no puede silenciar todo el bien que siembra nuestro planeta desde manos católicas. Si nos une la lucha por un mundo más justo y en paz... ¿por qué parece que militamos en bandos diversos? Llevamos distinto uniforme pero caminamos hacia el mismo horizonte. Caminemos juntos y no nos hagamos tropezar porque o llegamos juntos o no llegaremos jamás. Que Dios te bendiga, y si no eres creyente 'que la fuerza te acompañe' (la Suya) pero que tengas siempre suerte y vivas feliz haciendo de la felicidad de los demás la tuya. Fr. Víctor Manuel, ofm.

(Cándido, marzo 2006)

Saludos Alejandro: En primer lugar si alguien te critica por tener una opinión distinta, dímelo y le corto las barbas al responsable, jeje. Comparto contigo mi disgusto con que el Estado tenga que pagar con los impuestos de todos parte de las necesidades de la Iglesia Católica u otra organización. Me molesta tanto como que las instituciones gubernamentales financien películas que luego nadie quiere ver, o un sistema agrícola desfasado que impide el desarrollo de otros países, o conciertos de los que confieso me aprovecho para escuchar gratis, o televisiones comerciales, o financiar sindicatos sin apenas representatividad social, o a los propios partidos políticos que son los primeros que deberían financiarse con las aportaciones de sus afiliados o simpatizantes... Y paro de contar la lista de cosas que todos pagamos sin que nos pregunten, sin que compartamos sus fines y sin que tengamos opción para elegir.

Una vez dicho esto, hay que aclarar que la mayor parte de lo que económicamente el Estado entrega (que no paga) a la Iglesia procede no de las aportaciones de todos los declarantes, sino únicamente de las aportaciones de aquellos que de forma voluntaria así lo desean (la famosa X). El Estado se convierte en un mero recaudador y canalizador de dicho dinero. Existe la alternativa de no marcarla o incluso destinarlo a otros fines. Así de simple, así de fácil. Perfecto. Podrían contestarme que hay un pequeño porcentaje (creo que un 0,02%) es dado por el Estado para completar las posibles carencias de financiación acordadas en un tratado internacional como es el Concordato con la Santa Sede. Vale, admitimos barco como animal acuático. No quiero meterme con el valor social de la labor de la Iglesia pues quienes me anteceden en las respuestas han sabido contestarlo adecuadamente.

Simplemente diré que el coste económico de las prestaciones sociales de la Iglesia son muy inferiores al coste real de dichos servicios si tuvieran que ser sostenidos por el Estado. Baste como ejemplo que el coste de una plaza escolar en un centro público es el doble al de un centro privado. Se calcula que el ahorro anual que tiene el Estado por los servicios que no tiene que prestar al ser realizados por las distintas instituciones de la Iglesia están entre los cinco y siete mil millones de las antiguas y queridas pesetas. El presupuesto de un ministerio pequeño (o la deuda que la Televisión española acumula anualmente). Permitidme poner otro ejemplo. Solamente entre Cáritas y Manos Unidas, excluyo por tanto a muchas instituciones y organizaciones vinculadas a la Iglesia, aportaron más del doble de dinero a las víctimas del Tsunami de hace un año que el propio Gobierno. Y hablo solamente de dinero. Ya que se mencionan razones históricas o se reivindican extrañas deudas históricas por regiones u asociaciones sería conveniente conocer de paso que antes de la desamortización la Iglesia se autofinanciaba. Desde entonces los gobiernos han tenido que ayudar en la financiación de la Iglesia. Una buena forma de tener a la Iglesia "controlada". Por cierto, dicha medida política no tuvo los fines de redistribución de riqueza con los que se justificó, sino todo lo contrario, además de suponer una gran pérdida posterior del patrimonio artístico.

Yo también reclamo la independencia financiera de la Iglesia pero este debate no debe ser en ningún momento un arma creada coyuntural y malintencionadamente contra la Iglesia sino más bien una llamada a la conciencia de quienes la formamos. Parece que a todos (y yo debo incluirme) nos cuesta rascarnos el bolsillo para determinadas cosas. Un abrazo a todos. Cándido / JLA.

(Cándido, abril 2006)

El artículo 16.3 de la Carta Magna dice así: "Ninguna confesión tendrá carácter estatal. Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia católica y las demás confesiones". El Concordato entre la Santa Sede y el Estado español, que data de 1979, con una revisión hecha en 1989, es la fórmula que funciona en la actualidad. Se pactó que los ciudadanos que lo deseasen contribuyeran a la financiación de la Iglesia con un porcentaje voluntario de la cuota líquida del IRPF y que ésta sería la vía para la suficiencia financiera de la Iglesia. Cierto es que desde 1989 la liquidación voluntaria no es bastante, no alcanza ni al 70 por ciento. Este año ha sido de unos 110 millones de euros. Esto significa que el Estado otorga, de manera adicional, una aportación directa, actualizada anualmente con cargo al IPC, que en este ejercicio ha sido de 35 millones".

El acuerdo vigente para el IRPF, que se alcanzó hace 5 años y permite a los ciudadanos marcar simultáneamente la casilla del sostenimiento de la Iglesia y también la de Otros fines de interés social, se basa en un mínimo garantizado, el que permite que la Administración ponga lo que falta si no se llega, pero también un máximo. Es decir, que la Iglesia debería devolver dinero al Estado si llega alguna vez a sobrepasar la cantidad pactada.

Bastaría simplemente con que el 0,52 por ciento de la actual libertad tributaria que se otorga a los ciudadanos se elevara al 0,7 por ciento para que el Gobierno no tuviera que poner nada de las arcas del Estado.

Las ayudas directas que el Estado dará a partir de ahora a los musulmanes ascienden a 30 millones de euros anuales, según un acuerdo que se anunció desde el Ministerio de Justicia hace más de un año. La Iglesia católica, en el ejercicio de 2004, recibió en total 138 millones, de los cuales unos 100 son propios porque proceden de los ciudadanos que marcan una cruz en la casilla correspondiente dentro de la asignación tributaria que incluye el IRPF. En otras palabras, el Estado da cada año directamente a la Iglesia católica unos 38 millones de euros. Teniendo en cuenta que un 83,6 por ciento de españoles se declaran católicos y un 1,8 por ciento dicen ser musulmanes, las respectivas cantidades de 38 y 30 millones parecen, como mínimo, una desproporción.

El Estado tendría que costear más de 31.000 millones de euros para cubrir la labor social que actualmente realiza la Iglesia: Levantar colegios y hospitales, atender a los enfermos, ancianos, niños, marginados e indigentes, además del mantenimiento de las infraestructuras en que lleva a cabo estos servicios. Sus más de 100 hospitales, casi 130 ambulatorios y dispensarios, alrededor de 880 centros para ancianos, enfermos crónicos, terminales y minusválidos atienden a casi 400.000 personas al año. Toda una red de actuaciones que se sostiene gracias al trabajo realizado por los católicos.

Los "privilegios fiscales", como son la exención de tributación por los ingresos propios de la actividad religiosa o la reducción del tipo del Impuesto de Sociedades al 10 por ciento, son los previstos para cualquier institución acogida a la ley de fundaciones y, por tanto, no es la Iglesia la única que "disfruta" de ellos. En cualquier caso, tal como contempla la ley, la Iglesia cumple con sus tributos obligatorios (actividades empresariales, cesión de patrimonio a terceros, incrementos de patrimonio, etc.); y en el ámbito de la Seguridad Social se cumplen también todos los requisitos derivados de la ley, habiendo entregado al Estado, por ejemplo en 2001, sólo por los sacerdotes, un importe superior a los 2.200 millones de las antiguas pesetas. Por lo que se refiere al impuesto de patrimonio, cabe recordar que la ley distingue entre las personas físicas y las jurídicas. Así, los sacerdotes tienen las mismas obligaciones fiscales que el resto de ciudadanos, mientras que las casas parroquiales están exentas de ese impuesto. Y si se refiere al Impuesto de Bienes Inmuebles (IBI), todas las confesiones religiosas (en España, católicos, evangelistas, judíos e islámicos) están libres de ese tributo. También están exentas de tributos locales e impuesto de sociedades las fundaciones, ONG, entidades sin ánimo de lucro y federaciones deportivas, entre otras. Por tanto, no hay privilegios fiscales para la religión católica.

Contra lo que se dice habitualmente sobre el continuo crecimiento de la cantidad que recibe la Iglesia del Estado, un estudio de Domínguez Rojas sobre la manera en la que ha evolucionado el dinero que la Iglesia recibe del Estado, sostiene que la Iglesia recibe ahora un 10 % menos de lo que recibía hace 14 años, mientras el mismo cálculo establece que ha aumentado en un 40 % los ingresos debidos al impuesto sobre la renta.

...y repito, solo estoy hablando de dinero. Cándido / JLA.



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