23. ¿Se puede ser crítico con la Iglesia?
(Carmen, diciembre 2005)
HABLAR FRANCAMENTE Y SIN TEMOR. CREO QUE LO UNICO QUE NO SE DEBE DECIR CON ABSOLUTA FRANQUEZA ES LO QUE PUEDE HERIR AL PROJIMO EN SU ESENCIA COMO TAL. ADMITO QUE TAL VEZ POR INGENUIDAD O POR MIEDO (FALTA DE HONRADEZ) HASTA AHORA NO HE SIDO CRITICA CON LA IGLESIA. EMPIEZO HOY; ME PARECE QUE LA IGLESIA ES EXCESIVAMENTE VERTICAL Y MUY MACHISTA EN EL SENTIDO DE OTORGAR PRIVILEGIOS A LA PARTE MASCULINA DE TAL. CARMEN.
(Fr. Víctor Manuel, diciembre 2005)
¿Se puede ser crítico con alguien al que amo? Claro que sí, pero no de cualquier modo. Porque amo a alguien -mis padres, mi hermana o mis hermanos de fraternidad, esta o aquella persona- puedo conocer mejor que otro que mira desde fuera cómo es y qué defectos tiene, pero porque precisamente la amo no corrijo ni critico de cualquier modo. Hasta aquí supongo que todos de acuerdo. Amor y humildad son dos cosas fundamentales para 'criticar' (en el sentido de corregir para ayudar a mejorar). El amor es el lenguaje y la motivación por la que se critica / corrige, mientras que la humildad es el modo de hacerlo. Hay muchas cosas que mejorar entre nosotros, cristianos, como hay muchas cosas que la jerarquía debe cambiar para estar siempre con los tiempos sin dejar de estar radicalmente unida a Jesús -como Él estuvo al día en su momento sin dejar de estar unido vitalmente con el Padre- pero cuando un grupo, asociación o persona particular dice "Esto es un error y hay que cambiarlo según esta propuesta nuestra / mía" estamos poniéndonos por encima de la Iglesia, por encima de 2000 años de vida, estudio y santidad, por encima de quienes han sido elegidos por Jesucristo como pastores, guías y testigos / maestros para Su pueblo. Yo soy crítico pero jamás quisiera ser tan temerario como para creer que yo se más que la Iglesia, no me atrevo, me da un vértigo... Cuando no entiendo algo, cuando algo no me parece bien, puede ser que me haga falta rezar más, leer más, preguntar más, estudiar más (si, estudiar, que es uno de los privilegios que ya no se reserva para los clérigos y que pocos laicos aprovechan mientras que si son muchos que alzan la voz para protestar desde lo que leen en el País, Mundo, la RAZÓN o ABC (buenos tratados de doctrina, sí señor).
Esta es la humildad del hijo frente a la madre. ¿Debemos criticar a la Iglesia o discernir juntos qué hay que cambiar desde la luz del Evangelio? Un hijo de la Iglesia no critica A LA IGLESIA, critica EN LA IGLESIA. Lo de los privilegios que "la Iglesia otorga a la parte masculina" me gustaría saber a cuales te refieres porque puede ser que me los esté perdiendo (seré pazgüato). Bromas aparte, ser sacerdote (que es lo único a lo que la Iglesia llama sólo al varón) no es un privilegio sino una vocación que Dios enciende, la Iglesia recibe y administra y el llamado encarna y desarrolla no para bien propio sino para bien de los demás. Mi sacerdocio me concede el privilegio de celebrar intensamente la Eucaristía (aunque ya lo hacía antes de que me ordenaran); de escuchar a la gente para encontrar juntos luz y fuerza para superar sus pecados y sus duelos (¿para esto hace falta ser hombre? Mira que no he hablado de absolver sino de todo lo que se hace antes y después); me concede el privilegio de tomar los problemas y las alegrías de aquellos a los que Dios me dirige como propios (insisto, ¿para esto hace falta ser hombre?) o de tener el mismo "horario de trabajo" que una farmacia de guardia permanente.
Quien reclama el privilegio que deviene del sacerdocio NO ENTIENDE QUÉ ES EL SACERDOCIO. Sea un hombre o una mujer, un laico o un clérigo, si se ve el servicio de dar la vida cada día para gloria de Dios y bien de los hombres como un privilegio o una prebenda es que no se ha entendido, ni tan siquiera un poco, qué es el Evangelio y qué es la Iglesia, perdón por la fuerza de las palabras. Quien juzga la Iglesia y su hacer desde criterios mundanos, como si fuera un ministerio más o un partido o una organización de acción social, que abra los ojos a la luz de la fe o que no se extrañe de que sus palabras caigan siempre en saco roto.
Yo 'critico a la Iglesia' porque estamos no suficientemente con los pobres, porque no damos la cara ante los poderosos de la política y de la empresa por lo que es justo, porque estamos -los eclesiásticos- poco encarnados en la vida del resto del pueblo de Dios y nos acostumbramos a vivir en una especie de pecera que nos creemos que es el océano; yo critico que no nos dejamos la piel -generalizo y eso ya es un error, pero...- por informar, formar, asistir, apoyar y defender a los creyentes de base. ANTE TODO CRITICO QUE NO DAMOS -que no doy- TODO LO QUE TENEMOS Y LO QUE SOMOS POR EL BIEN DE LA IGLESIA, POR LA SALVACION Y LA LIBERTAD DE TODO AQUEL QUE BUSCA EN NUESTROS OJOS UN RASTRO DE DIOS. Antes criticaba cosas puntuales como la ambigüedad del magisterio (a cerca de la pena de muerte y cosas semejantes), la cerrazón a avances de la técnica para controlar y mejorar la vida humana o que la Iglesia no fuera más democrática. Hoy, tras quemarme las cejas durante ya nueve años de estudio, oración y servicio como hermano menor, he visto como mis críticas nacían mayormente de la bruma de mi desconocimiento. Hoy creo más a la Iglesia y más la amo porque más la conozco, y la he conocido porque me propuse amar a la que me entregaba el mayor tesoro de mi vida, lo único sin lo cual no podría vivir: LA EUCARISTIA.
¿Cuál es el papel de la mujer en la Iglesia? Humanizar, dar vida, enseñar a orar, dar ejemplo de santidad, dinamizar estructuras, despertar estupor por la belleza de una vida serena y ejemplar,... que es misión de todos y si me apuras más de los sacerdotes por su ministerio, pero vosotras tenéis algo que nosotros jamás poseeremos a no ser que nos enseñéis a reconciliarnos con esa parte de nosotros mismos de la que 'no está bien visto presumir': la feminidad, el lado femenino, la fortaleza del corazón. Sería trágico que, por reclamar una ley eclesial de paridad para alcanzar el poder, la mujer se convirtiera en algo más parecido a un ser autoritario y litigante que en lo que en autenticidad y en esencia es: la parte más cercana a Dios de esa humanidad que el Creador puso sobre la tierra con dos rostros -de mujer y de varón- que se reclaman y se buscan, que se necesitan y se celebran mutuamente desde la común vocación a la santidad y desde una idéntica dignidad.
Los eclesiásticos tenemos mucho por lo que sentir la cara colorada, pero es que al final no somos más que hombres, barro como el tuyo, canijos y llenos de pecados. Eso sí, tenéis todos los bautizados derecho divino por vuestro bautismo a que seamos lo que Dios quiere y para lo que nos ha llamado, y ahí nos podéis ayudar tanto con vuestra exigencia y vuestra oración, con vuestra cercanía fraterna y vuestra colaboración adulta, en nada sometida y cuanto menos ideologizada mejor. Nos necesitamos pues Dios nos salvará juntos... si es que le permitimos llevarnos de la mano hacia el Reino de su Hijo. Por cierto, que es Nochebuena: FELIZ NAVIDAD. Un abrazo y hasta pronto. FR. VICTOR MANUEL, OFM.