24. El papel de la mujer en la Iglesia

(Carmen, diciembre 2005)

DICE LA GENTE QUE LAS MUJERES DENTRO DE LA IGLESIA SON LAS SERVIDORAS (EN EL PEOR SENTIDO DE LA PALABRA). SOMOS HIJAS NO ESCLAVAS, SEGUN MI OPINION. ENTRE LA FALSA HUMILDAD Y LA SOBERBIA NO SE QUE PREFIERO. ESTO ULTIMO SUENA UN POCO CINICO, PERDON POR ELLO.

(Fr. Víctor Manuel, diciembre 2005)

Hola Carmen. Feliz Navidad para ti y para todos los tuyos. Lo del papel de la mujer en la vida de la Iglesia es una cuestión candente que se debe afrontar, y se debe afrontar para seguir moviéndonos hacia delante y no sólo con planteamientos teóricos que se queden más cerca de la retórica demagógica de los políticos que del Evangelio de Jesús. Una distinción que personalmente me ayuda mucho a la hora de evitar los comentarios agrios y los juicios extremados es la de considerar por un lado lo que la Iglesia dice y trata de vivir y por otro lo que los eclesiásticos concretos (sacerdotes y consagrados) pueden hacer por su cuenta. En este segundo punto encontramos machistas como encontramos santos, pues de todo hay en la viña del Señor.

Desde el primero de los puntos -la Iglesia y lo que predica- te remitiría a la carta de Juan Pablo II "Sobre la dignidad de la mujer" (Mulieris dignitatem) pues no sólo es bellísima sino que pone a la mujer por las nubes... EN SU SITIO CARAMBA. Un ejemplo: el papa Juan Pablo dice que hay dos ministerios que conviven en la Iglesia, a saber, el Petrino -la jerarquía, lo sacerdotal- y el Mariano -la dimensión carismática donde la mujer es particularmente importante-. Pues bien, estos dos conviven uno al lado del otro, y si cabe el mariano camina un paso por delante del petrino. La mujer tiene una importancia extremadamente importante para la vida de la Iglesia pues ella vive de modo particularmente profundo y radical dimensiones del Evangelio que los varones llegamos a encarnar en la medida en que miramos a la mujer cuando ésta mira a Jesús ('mirar a', 'ad-mirar').

La mujer es el corazón de la familia, Iglesia doméstica de la que depende la sociedad civil y la misma Iglesia, y es igualmente el corazón de las comunidades parroquiales pues su modo de percibir, de sentir y de compartir la experiencia de Dios es inalcanzable para el varón solo. Conocer y compartir con la mujer es importantísimo en la formación y en la vida de los consagrados, pues de lo contrario el varón queda privado de la parte más potente de su personalidad a la hora de acoger el Misterio de Dios para encarnarlo en su vida y llevarlo a los demás: su lado femenino. 'Un hombre no es verdaderamente hombre hasta que no escucha su nombre de labios de una mujer', decía Manuel Machado expresando preciosa y precisamente cuánto necesitamos los varones a la mujer para llegar a ser hombres.

Que la mujer no acceda al sacerdocio -seguro que más de uno esperaba este párrafo- no desdice en nada su trascendental belleza y su potencia humana y cristiana. Yo estoy convencido de que una mujer podría hacer muchas cosas mejor que el varón como sacerdote, pero el caso es que comprendo la palabra del Magisterio cuando dice que no tiene autoridad para modificar por su cuenta algo de los sacramentos -medios para la salvación instituidos por Cristo- cuando ni en la libérrima actuación de Jesús ni en la Tradición apostólica ni en la posterior se encuentra un sólo signo de semejante hecho (cuando, por ejemplo, la cultura religiosa griega y romana sí que tenía la figura de la sacerdotisa).

¿Cuál es el papel de la mujer en la Iglesia? Humanizar, dar vida, enseñar a orar, dar ejemplo de santidad, dinamizar estructuras, despertar estupor por la belleza de una vida serena y ejemplar,... que es misión de todos y si me apuras más de los sacerdotes por su ministerio, pero vosotras tenéis algo que nosotros jamás poseeremos a no ser que nos enseñéis a reconciliarnos con esa parte de nosotros mismos de la que 'no está bien visto presumir': la feminidad, el lado femenino, la fortaleza del corazón. Sería trágico que, por reclamar una ley eclesial de paridad para alcanzar el poder, la mujer se convirtiera en algo más parecido a un ser autoritario y litigante que en lo que en autenticidad y en esencia es: la parte más cercana a Dios de esa humanidad que el Creador puso sobre la tierra con dos rostros -de mujer y de varón- que se reclaman y se buscan, que se necesitan y se celebran mutuamente desde la común vocación a la santidad y desde una idéntica dignidad.

Si la Iglesia es esposa y madre que me expliquen a mí quien sino la mujer nos tiene que enseñar a todos a ser Iglesia. Después de este speech te envío un abrazo, Carmen, y te emplazo a que nos ayudes a ser lo que Dios nos pide ser. FR. VICTOR MANUEL, OFM.



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