26. Reproducción humana asistida

(Fr. Víctor Manuel, febrero 2006)

Paz y Bien a todos. Seré brevísimo para no distraeros de la lectura de la nota de la Conferencia Episcopal, que tanto aclara sobre esta ley con la que tanto nos esconden. Dicen, esas cabezas pensantes que nos ofrecen en esta ley un nuevo fruto de sus prolíficas meninges, que los obispos se meten en política. Leed la nota y veréis qué política es eso de velar por la vida y por la dignidad humana ante intereses económicistas de origen incierto y oscuro.

SIGUEN ENMASCARANDO LO QUE DICE EL TEXTO DEL PROYECTO DE LEY CON UN LENGUAJE IMPRECISO Y AMBIGUO, como llamar interrupción del embarazo al aborto, o método anticonceptivo a la píldora del día después (¿"después" de qué? Oiga, de las relaciones sexuales que -de haber resultado fecundas por la concepción de un nuevo embrión, un nuevo ser humano- dicha píldora se encargaría de mantener libres de todo compromiso con el otro y con la vida surgida de ellas eliminándola, 'reseteandola' o 'formateando a la madre' que sería más del gusto de estos insignes pregoneros de amoral laica).

Arremeten contra los obispos utilizando viejos enfrentamientos, eso sí, debidamente aderezados con la sal y la pimienta de la tergiversación y el engaño. Quien diga que exagero puede contrastar lo que en estos días dicen “los padres de la patria” con el testimonio de los textos oficiales o con el archivo de cualquier hemeroteca. Nada más. Un abrazo a todos y, a mis hermanos en la fe, ánimo. Ladran, Sancho. Luego cabalgamos. Que Dios os bendiga a todos.

"Ante la licencia legal para clonar seres humanos y la negación de protección a la vida humana incipiente. Madrid, 9 de febrero de 2006.

El Congreso de los Diputados votará próximamente la llamada Ley de técnicas de reproducción humana asistida, que suscita una honda preocupación. El Evangelio es una fuerza divina a favor de la vida humana; muy en particular, de la vida de los débiles y de aquellos que no pueden defender por sí mismos su derecho fundamental a vivir. El Evangelio de la vida, que proclama que todo ser humano, con independencia de su edad, de su salud o de cualquier otra circunstancia temporal, está dotado de una dignidad inviolable, nos obliga a llamar la atención sobre una Ley que niega la protección jurídica que un ordenamiento justo ha de dar a la vida humana incipiente. Las técnicas que suplantan la relación personal de los padres en la procreación no son conformes con la dignidad de la persona y arrastran consigo serios males para las personas, incluidos graves atentados contra las vidas humanas incipientes, es decir, contra los hijos. Lo explicaba sucintamente el Comité Ejecutivo de la Conferencia Episcopal en su Nota del 25 de mayo de 2004, titulada Por una ciencia al servicio de la vida humana, en la que se expresaba también la postura de la Iglesia en favor de la ciencia que sirve realmente para curar sin dañar ni destruir la vida de ningún ser humano.

Enumeramos algunos de los aspectos más problemáticos de la Ley en cuestión.

1. Si no es modificada todavía en las Cortes, esta Ley pasará a la historia como una de las primeras del mundo que da licencia para clonar seres humanos, autorizando la llamada "clonación terapéutica". Los adjetivos benévolos no deben inducir a engaño. Se trata de producir seres humanos clónicos a los que, además, no se les dejará nacer, sino que se les quitará la vida utilizándolos como material de ensayo científico a la búsqueda de posibles terapias futuras. La Ley permite estas gravísimas injusticias y, además, quiéralo o no, abre también la puerta a la futura producción de niños clónicos, es decir, a la llamada "clonación reproductiva".

2. Se permite producir embriones humanos no ya para la reproducción, sino como mero material de investigación. Y se posibilita la comercialización, tráfico y uso industrial de los embriones humanos llamados "sobrantes" de las prácticas de reproducción, ya que no se establece restricción alguna para investigar con ellos, ni se pone límite alguno eficaz a la cantidad que de tales embriones se pueda generar.

3. Se posibilita asimismo la selección eugenésica en nuevos campos, como el de la producción de los llamados "bebés-medicamento", es decir, niños que nacerán con determinados fines terapéuticos, después de que otros hermanos suyos, inapropiados para esos fines, hayan sido seleccionados para la muerte en los primeros días de su existencia.

4. La Ley en trámite de aprobación legaliza igualmente la fecundación de ovocitos animales con esperma humano, una práctica de consecuencias imprevisibles reprobada en diversos convenios internacionales.

Los intereses económicos y políticos en juego no están permitiendo un debate sereno de asuntos de tanta trascendencia como éstos. Somos conscientes de que nuestra firme denuncia de esta Ley y de las prácticas a las que se refiere, puede ser presentada falsamente como un prejuicio religioso de un grupo social contrario al avance de la ciencia. Estamos, sin embargo, seguros de que alzando nuestra voz contra la legalización de tan graves atentados contra el ser humano, cumplimos con el deber que tenemos de anunciar el Evangelio de la vida y prestamos un verdadero servicio a nuestra sociedad. Animamos a los católicos a prestar este mismo servicio en los ámbitos de sus respectivas responsabilidades, ya sean éstas políticas, científicas, educativas o de ciudadanos responsables. No será posible a los diputados católicos apoyar esta ley con su voto.

Tenemos que decir "no", porque no podemos omitir el "sí" consecuente con la dignidad humana y a la justicia.

(Andrés, febrero 2006)

Un catedrático en biología aclara términos.

La forma de plantear las cuestiones científicas está cambiando radicalmente en la actualidad. Pero la naturaleza propiamente dicha de la ciencia no ha cambiado, ni puede hacerlo realmente. Esto es especialmente evidente en el campo de la biomedicina. La imagen humanitaria, propia de la investigación que lucha por salvar vidas humanes, por curar la enfermedad y para paliar el dolor, a la que se apela no es coherente con los medio que se pretende emplear, y se emplean en ciertos casos para conseguirlo. Es una contradicción con el fin declarado de curar enfermedades de unos, emplear a otros; o incluso llamar a la vida sólo para ser utilizados como material biológico. La naturaleza de la ciencia no cambia; lo que debatimos, y sobre lo que deliberamos, es cambiar la valoración de la vida de unos a conveniencia de otros. En nombre de la ciencia se trata de imponer a nuestras sociedades una actitud hacia la vida misma incompatible con los valores de toda sociedad democrática. Pero esa actitud no encuentra apoyo en la ciencia rigurosa.

1. ¿Tiene el mismo estatuto un embrión in vitro que un embrión in útero? Desde el punto de vista biológico la vida humana comienza tras la fecundación con la aparición de una realidad celular con fenotipo cigoto. La fecundación no es un "instante", sino un proceso que dura horas y sólo tras la constitución del cigoto, al final del proceso de fusión de los gametos, se establece la identidad genética del nuevo individuo. Sea como fuere la forma y el modo como ha llegado a la vida, cada cigoto vivo es un ser humano con el carácter personal propio y específico de todos los individuos de la especie humana. El ciclo vital tras la concepción tiene un comienzo y un final definidos. Y a lo largo de su existencia cada uno requiere, de diferente manera y con intensidad diferente, la interacción con el medio en que se desarrolla.

El que a un embrión in vitro no se le destine (temporal o definitiva) a su implantación en el seno materno, no significa que su valor o status sea diferente al embrión en útero: o es un embrión humano o no lo será nunca. Sólo significa que sus "progenitores-dueños" no quieren, o no pueden permitirle que anide. La visión de que la fuerza del status moral de una entidad depende de en qué espacio se le coloque, y por cuanto tiempo esté fuera "de su sitio propio" es algo que carece de justificación biológica y ontológica. El concepto de embrión no implantable no corresponde a una situación natural sino que está creada por la manipulación artificial del proceso de transmisión de la vida.

Dos cuestionen incitan la duda, o más bien el debate, acerca de si un embrión in vitro tiene o no la misma realidad que un embrión in útero.

1.1. Se puede fácticamente detener la vida. En primer termino, la práctica de las técnicas de reproducción humana -en muchos casos abusiva en exceso- ha convertido el fruto de la generación humana (los embriones precoces) en poco más que una propiedad de los donantes de gametos. El consenso entre el deseo de los padres y la voluntad de satisfacción de tal deseo por parte del equipo biomédico prevalece sobre los serios deberes que la existencia de ese embrión impone al hombre y a la mujer de quienes procede. Han dado vida a un hijo que exige protección y que por tanto requiere ser depositado en su ámbito natural materno para proseguir la gestación. Todo embrión de hecho no obtiene su derecho a existir de la común acogida de sus progenitores, de la aceptación de una mujer, o de una determinación legal, sino de su condición de ser humano. La implantación diferida en el tiempo se ha hecho posible por las técnicas de cultivo y crioconservación a largo plazo de los embriones preimplantarios; con ello se percibe muy diluida la responsabilidad natural de los padres con el embrión y se da una progresiva despersonalización en la relación paternidad-filiación.

Una anidación o un embarazo diferido -incluso hasta su conversión en sobrante- turba y trastoca aun más la transmisión de la vida hasta el punto de llegar a considerar al hijo una propiedad disponible. Disponible y abandonable.

La legislación admite la crioconservación de embriones (y determina una duración máxima) para evitar los intrincados problemas jurídicos que podrían surgir en torno a esos hijos cuya vida se ha detenido por la congelación en espera de un futuro bastante incierto. Aunque se trata de una realidad que lleva años produciéndose de hecho no es necesariamente inevitable. La existencia de embriones producidos en exceso y de embriones crioconservados, es una situación irresponsable que debe necesariamente acabar y resolverse de una vez para siempre como situación excepcional.

1.2. La posibilidad fáctica de producir embriones en exceso. La segunda cuestión es derivada de la mentalidad surgida de la practica de la fecundación in vitro. Es la pretensión de justificar la fecundación de más de un óvulo para disponer de la una mayor número de embriones preimplantatorios, bien para aumentar la eficacia procreativa con las menores molestias posibles, o bien para permitir la selección de aquellos embriones considerados los óptimos por su estado de previsible salud, o por mera elección del sexo. Pero la lógica del escoger es muy exigente: la posibilidad de escoger lo óptimo está en relación directa al numero producido. Aparecen así los adjetivos de embriones subóptimos, inviables, sobrantes, no implantables, crioconservados. Términos todos ellos que no modifican la realidad humana de los embriones, pero que de forma imperceptible y gradual suaviza la carga eugenésica de esta práctica.

El proceso gradual de cambio en la forma de plantear las cuestiones biomédicas es obvio. Al inicio se pretendió justificar la necesidad de una alta producción para poder implantar varios embriones al mismo tiempo, y facilitar así la supervivencia de alguno de ellos, aumentando la escasa eficacia de la práctica de la FIV. Esta medida ha sido contestada por los clínicos dado que los posibles embarazos múltiples no sólo son un peligro para la madre sino que han resultado un déficit para los niños que nacen prematuros. El aborto selectivo de algunos de ellos (conocida con el eufemismo de reducción embrionaria) no resuelve el segundo problema.

A su vez el tratamiento para inducir multiovulación se desaconseja científicamente: los embriones producidos por fecundación de la aproximada docena de óvulos obtenidos tras multiovulación son defectuosos, por su procedencia de óvulos menos maduros que los que se forman en un ciclo natural, en cuanto a su desarrollo y capacidad de anidación. Si a su vez se seleccionan los mejores de entre ellos es obvio que los "sobrantes" que se congelan son precisamente los más débiles y a los que más les afecta el proceso de congelación-descongelación. La sospecha de la mayor debilidad que presentan estos embriones una de las causas para que aquellos donables y donados por padres biológicos no sean fácilmente "acogidos" por otras parejas, y que tras el tiempo que permita la ley, pasen a disposición del centro biosanitario para acabar siendo potencial material biológico para investigación. Más aún, la misma probabilidad de ser defectuosos elimina estos embriones para un uso terapéutico; es decir cuando la investigación aplicada logre dominar las células madre embrionarias que proceden de ellos, será necesario producir nuevos embriones para obtener esas células de padres biológicos fértiles y donantes de óvulos maduros.

Posteriormente se impuso el diagnostico preimplantatorio a fin de asegurar que sólo fueran gestados aquellos embriones que no presentaran taras heredables. El deseo de un hijo se transformó en exigencia de un hijo sano. La existencia de algunas enfermedades ligadas al sexo abrió el campo a la elección del mismo y de ahí a la oferta de selección de sexo que satisfaga el deseo legitimo pero "no crucial" de los padre a elegir el sexo de su hijo (siempre que no sea un sistema de discriminación). Los centros de reproducción humana asistida recomiendan hacerlo por la técnica de la selección de los espermios, portadores de cromosoma X o de cromosoma Y. Consideran desproporcionada la selección de los embriones del sexo deseado con abandono del resto, pero podría aceptarse -afirman- si las parejas donasen a otras los embriones del sexo no deseado para la reproducción.

1.3. La supuesta potestad de disponer del destino de los embriones\r\nEn esta cultura de la producción técnica, van unidas una débil, o al menos temporal, oposición a crear expresamente embriones para investigación con la aceptación a experimentar con los sobrantes de los programas de fecundación in vitro. Tales embriones sobrantes, con un largo periodo de crioconservación y de hecho no implantables (por no ser acogidos en útero) están condenados a morir, tal vez de forma lenta por la congelación pero inexorablemente: son vidas detenidas que no van a ser reanimadas tras la descongelación y transferidas al útero de una mujer. Para justificar la investigación con embriones, ahora los sobrantes y más adelante a la carta, se despoja a los embriones preimplantatorios de valor ontológico, o se convierte el problema en un magnífico caso de que el fin justifica los medios. Los investigadores podrán así ver en el embrión humano no como una entidad con valor intrínseco, sino dotado de posibilidades para los intereses y objetivos y utilidades científico-comerciales.

Y con ese enfoque, o error, de partida en la consideración del valor del embrión humano, los investigadores han abdicado del rigor de la investigación científica y puesto en evidencia las paradojas internas del argumento de la necesidad para el progreso científico.

- ¿cómo garantizar que van a obtener respuesta válida, conocimiento verdadero, a las preguntas que se consideran tan cruciales como para justificar el sacrificio de vidas humanas incipientes?

- ¿cómo encontrar la "justificación" médica de las técnicas de FIV si es evidente la creación de una presión científico-médico-comercial para introducirlas al servicio de nuevos deseos que permitan colmar los "derechos reproductivos"?

- ¿ cómo apelar al imperativo científico del progreso si no se investiga ni las causas, ni los procedimientos para paliar la infertilidad?

- ¿cómo justificar el mantener en la legalidad una investigación directa con embriones humanos, en el contexto de la reproducción asistida, sin el requisito mínimo y esencial de una previa investigación con animales?

Han pasado demasiados años desde que la FIV se introdujo como solución de emergencia de una creciente falta de fertilidad. La solución de emergencia ha creado problemas más graves para la vida del embrión y de los nacidos de los que ha solucionado. Más aún, ha creado la falsa expectativa de que toda persona en cualquier situación puede reclamar un hijo en base a un ambiguo derecho reproductivo.

Parece obvio que necesitamos asumir la evidencia de que la realidad humana en desarrollo es humana, y abandonar la insistencia en adscribir valor moral a lo humano en función de su contexto y de valores externos adjudicados por otras personas. Al rehuir la perspectiva del carácter personal de la realidad humana embrionaria se pasa necesariamente al imperativo moral de la compasión a las parejas sin hijos y de ahí al imperativo moral de la compasión a los enfermos que nos obliga a la investigación destructiva y consumidora de embriones. Es más, se presenta la gravedad de ciertas enfermedades para dar carácter de urgencia a tales investigaciones "por no haber otras soluciones o al menos ser soluciones lentas": única o al menos la mejor solución se ha hecho en estos años dogma inamovible de la medicina regenerativa.

Para concluir: por parte de políticos y científicos tendenciosos se hace de los medios un fin, de las circunstancias de los individuos un criterio absoluto por encima de los mismos individuos, olvidándose que ni la ciencia es un fin en sí misma ni el progreso la divinidad laica. El ser humano, el individuo, la persona es un fin en sí misma tanto si se cree que Dios la ha dotado da tal estatuto ontológico como si se sostiene al margen de la fe que el ser humano es alguien meramente natural. El hecho es que nunca se pueden manipular ni sacrificar personas por el beneficio técnico, médico o económico del que se puedan beneficiar otros, aunque estos 'otros' no fueran los cuatro de siempre sino el resto de la humanidad. Ni aun así se podrían aceptar los postulados que nos intentan imponer por ley, y desde esta palabra mía tan objetiva y cargada de ciencia y claridad aclaro que no es tan claro lo que nos dicen quienes tratan de desprestigiar la palabra de obispos y científicos católicos. No es tan clara su palabra, no, aunque sus intereses si lo son.

(Fr. Víctor Manuel, marzo 2006)

Largo y dificilillo, pero estupendo. Sí. Te agradezco, Andrés, tu correo. He de reconocer que esperaba otro tono y otra intención, pues es lo más común en estos tiempos que corren por la 'piel de toro' (¿puedo llamarla España? jeje), y encontrar una exposición tan erudita y exhaustiva como científica y católica me ha sorprendido un poco y me ha gustado mucho más.

Gracias, porque es un compendio de datos que viene bien recordar y fortalecer para tener clara la verdad que nos ofrecen desde distintos ángulos la fe y la ciencia, distintos ángulos y distintos leguajes pero siempre orientadas a la verdad sobre el ser humano, sobre el individuo, sobre la persona. Allí se encuentran siempre las dos, 'se encuentran', que no 'se enfrentan'.

Cierto que es un mensaje pelín largo -bastante- y con palabras un tanto inusuales y por ello dificilillas, pero tú nos ofreces rigor y precisión, que son dos buenas vacunas contra la ambigüedad y la mentira con la que se nos trata de adormecer la conciencia y deformar la opinión. Gracias otra vez y sigue con esa labor que tan necesaria se nos pinta hoy. Dios te bendiga hermano. FR. VICTOR MANUEL, OFM



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