34. Las bondades de la república pertenecen a la PRIMERA
(Fr. Víctor Manuel, julio 2006)
A instancias del mismo que gestó y promovió con empeño el Estatuto de
Cataluña y la \'realidad nacional\' andaluza, el año 2006 ha sido declarado por
el Congreso el año de la \"Memoria Histórica\". Se ha querido aprovechar el 75
aniversario de la II República para sacar adelante este polémico proyecto. Una
época que reivindica constantemente el presidente del Gobierno que tiene sus
luces y sus sombras. Un informe de quince prestigiosos historiadores nos aclara
diversos puntos de esos turbulentos años.
Stanley Payne, Fernando García de Cortázar, Angel Bahamonde, Luis Suárez, César
Vidal, Pío Moa y David Solar, entre otros, dan su opinión en un informe para la
revista Época de un periodo de la historia que sigue levantando ampollas en
amplios sectores de la sociedad española.
Balance: el régimen persiguió a los cristianos, ejecutó a más de 6.800
religiosos, dividió a España y cayó en la violencia y la corrupción. Manuel
Azaña, figura clave en la II República, es el político peor valorado por quince
especialistas sobre aquel régimen. La mayoría ensalzan su capacidad política e
intelectual, pero le critican su personalismo, su dogmatismo y su alejamiento de
la realidad. Frente a Azaña, destacan, como mejor valorados a Alcalá Zamora y
Julián Besteiro.
El balance global del régimen salido del 14 de abril de 1931 es más bien
negativo. La mayoría coinciden en resaltar las grandes esperanzas de
modernización de España y regeneración de la política que suscitó, pero subrayan
que se vieron defraudadas por las luchas internas entre los dirigentes, la falta
de entendimiento entre izquierda y derecha, el atropello de las libertades y el
recurso a la violencia.
La intentona de Sanjurjo de agosto del 32 y el golpe del 18 de julio del 36 por
parte de la derecha; y la Revolución de Asturias en el 34 por parte de la
izquierda, demuestran que ni unos ni otros estaban muy interesados porque
perviviera el proyecto de republica liberal y burguesa soñada por sus mentores.
Además, la II República desató una ola furibunda de anticlericalismo, como
afirma José Francisco Guijarro, postulador de las canonizaciones de mártires de
la Guerra y autor del libro “Persecución religiosa y Guerra Civil” (La Esfera).
Sostiene que “los obispos, sin excepción, recibieron bien la República”, pero
que, algunos elementos dirigentes del régimen estaban empeñados en definir a la
Iglesia como enemiga de la República.
Más de 6.800 sacerdotes y religiosos, 11 obispos, y una cifra incalculable de
seglares fueron ejecutados –y en muchos casos torturados- por declararse
católicos e ir a misa.
Además, el régimen terminó cayendo en la esfera del estalinismo. Así, los
agentes soviéticos fueron clave en la desaparición, tortura y muerte de Andreu
Nin (líder del POUM) con la complicidad del jefe de Gobierno, Juan Negrín
(PSOE); e Indalecio Prieto, ministro de Defensa, pidio ayuda a la aviación
soviética para bombardear el cortejo fúnebre del general Mola.
Si queremos hacer justicia al valor de la república debemos echar la vista algo
más atrás del siglo XX y centrarnos en los cuarenta años que, del 1834 al 1874,
nos legaron un proceso político y social verdaderamente revolucionario e
integrador a un tiempo. En la era isabelina, en el llamado sesenio democrático,
en la consolidación del Estado unitario con una administración moderna, en el
bienio prograsista y en la evolución de la civilización española, siempre
marcada por la fraternidad del diálogo entre centralismo y federalismo en el
tiempo de la exaltación de los nacionalismos europeos, y el cainismo de las
guerras carlistas, encontramos nombres del peso de Sagasta, Pi i Margall,
Castelar, Figueras, Cánovas, Mendizabal... casi ná.
Hubo también tensiones con la Iglesia, desamortizaciones -las de Madoz y
Mendizabal las más nombradas-, lucha y reconocimiento de la libertad religiosa,
con una voluntad de entendimiento que dio a luz el segundo concordato en la
historia de España con la Santa Sede en el 1851. ¿La diferencia más evidente y
gruesa entre ambos periodos, la que puede justificar el desaforado interes de
nuestro querido guía nacional? Quizá sea la cerrazón y la persecución religiosa,
la intransigencia, el revanchismo, la intolerancia. Las cifras de muertos por
ser cristianos se cuentan por miles (como en las persecuciones del imperio
romano, y muchas más que las que se cuentan en los países islámicos por idéntica
razón), como por miles se cuentan las familiar de esos muertos las cuales no
tratan de resucitar odios y enfrentamientos sino que tratan simplemente de vivir
en paz y de hacer algo bueno sobre la memoria de esos seres queridos que cayeron
bajo las fauces de los leones de la II República en el circo del máximo
desconcierto institucional. Caray, me ha dado un escalofrío cuando he releído
estas líneas y he visto reflejado el día de hoy. Seamos conscientes de lo que
nos están tratando de hacer, seamos sólo un poco inteligentes.