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CRUCERO
Y CIMBORRIO
Recordando que el
templo estaba destinado para panteón de los Reyes y, por consiguiente,
que los túmulos habían de ser colocados en el centro mismo de
la iglesia, bajo la estrella del alto cimborrio y el cruce mismo
de las naves, no puede sorprendernos que su autor haya reservado
lo mejor de la decoración para este lugar que llamamos Crucero.
En la decoración repetitiva
de los temas sobresale, en primer lugar, la de los escudos reales,
agarrados y sostenidos por águilas y leones, seis a la derecha,
seis a la izquierda, doce en total, como si de un apostolado se
tratase. Las águilas están nimbadas en sus cabezas rítmicas por
halos de santidad, en expresió del águila de Patmos, a quien el
monumento está dedicado y que los Reyes hicieron suya junto al
escudo monárquico.
Maravilla
del arte gótico-flamenco que admira a cuantos lo contemplan es
el cimborrio o lucernario octogonal, comenzado por Juan Guas y
terminado, a su muerte, por Simón de Colonia, como se desprende
de la decoración estrellada de su bóveda, de inspiración alemana
y que recuerda el mudéjar por su geometrismo. Lleva ocho ventanales,
que en su origen debieron pensarse vidriados para iluminar el
Crucero, pero que dificultades de estabilidad aconsejarán cegarlos.
Ocho ángeles sostienen, sobre sus hombros, sencillos capiteles
coronados, de los que arrancan los nervios de la bóveda; en los
ángulos, vistosas pechinas que simulan tribunas decoran el total
de la geométrica cúpula.
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