CLAUSTRO
Para visitar
los claustros, partiendo del Crucero, se atraviesa una bellísima portada, típica del
arte flamenco, observándose un bajo-relieve a la altura del arco, donde ángeles
arrodillados, con túnicas de abundantes pliegues, presentan el emblema de las Cinco
Llagas, patrimonio de la Orden de San Francisco, al que rodean con el cordón franciscano.
En la parte correspondiente al Claustro, la misma portada, más embellecida si cabe,
ostenta otro bajo-relieve, con la Verónica, que, tocada a la usanza del tiempo, muestra
un lienzo con la Santa Faz, entre dos ángeles, también arrodillados, policromadas las
formas.
El
Claustro bajo está pensado como continuación del templo, por lo que no es de extrañar
que coincidan bóvedas, ventanales y profusión de esculturas con los conocidos ambones y
guardapolvos afiligranados, tan característicos del arte ojival. La composición rítmica
y repetitiva de los motivos compite con una desconcertante riqueza decorativa de la
naturaleza, a la que evoca con gran sentido realista. Tiene 30 metros de largo por lienzo,
4,20 de ancho y 8 de altura. La bella disposición de sus veinte ventanales (cinco por
lienzo), con arquería arborescente y calada que imita celosías (Gaya Nuóo), más la
ornamentación no repetida de sus archivoltas, consigue un efecto tal de luces y sombras,
propio del gótico, que impresiona al visitante.
La escalera
que conduce al Claustro alto es típicamente española, de cuatro tramos en caja cuadrada.
Fernando Marías la adjudica a Egas, dada la semejanza que tiene con la escalera del
Hospital del Cardenal Mendoza en Toledo y otras en la geografía española. En cuanto a la
ornamentación, todos los autores la atribuyen a Alonso de Covarrubias, a quien estaban
encomendadas entonces las obras del Alcázar. Su estilo es plateresco, con una cúpula
rebajada, dividida en fajas y casetones que ostentan florones tallados en piedra, cuyos
recuadros van disminuyendo conforme se acercan en la perspectiva al rosetón que sirve de
clave. Sin duda que los escalones actuales son reconstrucción de Cecilio Béjar,
ignorándose su elegancia original.
Se conservan
las águilas bicéfalas que datan el tiempo de la construcción, a saber: el del emperador
Carlos V, nieto de los Reyes Católicos. El plateresco introduce cariátides en lugar de
figuras angélicas y gusta de las pechinas en forma de conchas.
El Claustro
alto mide 4,60 metros de altura, siendo más bajo que el claustro inferior; asimismo,
muestra mayor austeridad por sus muros lisos y blanqueados y, como decimos, es de factura
posterior a todo el resto de la obra del monasterio. No obstante, muestra la distinción
por el soberbio artesonado mudéjar, en pintada madera de alerce, con los signos
repetitivos de los Reyes Católicos. Gruesas arcadas rebajadas flanquean sus lienzos, con
leones rugientes que muestran escudos de los reinos de España, incluidos el de Granada y
el de Navarra, más los motes reales del "tanto monta, monta tanto".