Para comprender la Renovación en el Espíritu, hay que asomarse a la experiencia de
los Apóstoles en Pentecostés. El Cenáculo es el lugar donde los cristianos se dejan
transformar por la oración, en torno a María, para acoger al Espíritu. Y es también el
lugar de donde salen para llevar "hasta los confines de la tierra" el fuego de
Pentecostés. La misión de la Renovación Carismática es hacer presente hoy en el mundo
la experiencia de Pentecostés. Confirma así su vocación de servicio a la Iglesia, que
fue enriquecida con los carismas del Espíritu desde su nacimiento en el Cenáculo.
Juan Pablo II ha dicho:
"Entre los caminos misteriosos con que la Providencia vive hoy su plan de salvación,
en este final del segundo milenio, es convicción nuestra que, uno de ellos, pasa a
través de la Renovación en el Espíritu. Por medio del Espíritu, el Resucitado vive y
actúa entre nosotros haciéndonos presente en el mundo en cada experiencia
personal". Son palabras del Papa que definen con acierto nuestra vocación y hasta la
razón de nuestros testimonios. Veinte mil carismáticos italianos le aplaudieron.
En nuestra parroquia de San
Juan de los Reyes se reúne desde hace ya muchos años, todos los domingos por la tarde,
un grupo de Renovación Carismática llamado Grupo San Francisco. Aquí
tienen su asamblea semanal: oración de alabanza, intercesión, enseñanzas, testimonios, cantos.
Con menor frecuencia tienen otros encuentros especiales: retiros, Eucaristía
especialmente preparada por ellos, etc., además de los actos con el resto de la comunidad
parroquial, y las celebraciones con otros grupos de Renovación de la diócesis.