Dedicada al Santo Ángel Custodio y situada en la margen izquierda del Tajo, a poniente, río abajo desde el puente de San Martín y en la loma que llamaban La Solanilla, antes de llegar al parque actualmente llamado La Peraleda. Parece ser que aquí tuvo una huerta, o cigarral, el Marqués de Villena, a quien consideraban alquimista y brujo, que andando el tiempo compró el Cardenal arzobispo Sandoval y Rojas. Él fue quien la cedió a los hermanos franciscanos capuchinos, que construyeron allí la capilla, y la consagrándola el martes de Pascua del año 1611.
Los Capuchinos se trasladaron después al convento que había junto al Alcázar y la capilla quedó reducida a una ermita tal como sigue hoy, aunque modificada. La pintura que hay en el altar es de Vicente Carducho y representa a la Santísima Trinidad con la Virgen y ángeles en la gloria, San Francisco de Asís y el Ángel Custodio que conduce un alma para presentarla ante Dios Uno y Trino. La ermita está dentro de un terreno que hoy es propiedad privada, pero no ha prescrito el derecho de paso que los fieles pueden ejercer. Como las otras ermitas, también tiene su cofradía y se celebra su fiesta en mayo.