La ermita de San Jerónimo fue mandada construir y costeada su edificación, en 1611, por D. Jerónimo de Miranda Vivero, canónigo de la catedral toledana y vallisoletano de nacimiento. El motivo principal de tal edificación fue para que las escasas personas que habitaban las fincas de los alrededores pudieran oír misa. Dicha ermita fue construida en una parte del cigarral (“Cigarral del Rey” o “de Quiroga”) que había adquirido, y que llamó el “Cigarral de Miranda”. En 1618 D. Jerónimo lo cedió a los Clérigos regulares Menores, que lo convirtieron en casa conventual con capilla dedicada a San Julián. Hoy sigue llamándose “Cigarral de los Menores”, tras varias décadas en que se llamó “Cigarral de los Dolores” (nombre de una propietaria anterior). También se le conoce como “Cigarral de Marañón” (familia propietaria de la finca).
El templo es de planta rectangular y de una sola nave, y el techo está formado por una bóveda de medio cañón, decorada con lunetos pintados ahora de azul. Las paredes laterales albergan imágenes de la Virgen del Carmen, de San José con el Niño, y un vía crucis de estampas en papel. En el altar mayor, preside la ermita la imagen de San Jerónimo (según se cree, es la cuarta imagen del santo que está allí, desde la construcción de la ermita).