El Otro Belén

Hoy ha sido la rueda de Prensa en la que se ha presentado el Belén del año 2004. La sala de Medios de Comunicación de la Casa-Palacio del Reino de los Cielos ha estado abarrotada de periodistas, gracias a que las noticias de noviazgos y bodas reales ya se han hecho públicas, por ahora no hay novedades llamativas en las revistas del corazón, Sadán Husein ya ha sido capturado, no se esperan cambios políticos especiales y en esta semana no ha habido casos trágicos de violaciones. No sería la primera vez que Padre Dios se viera solo con los de la COPE, que no faltan nunca, como es lógico.

Una vez reunidos todos, se les repartió la clásica nota de prensa, se sacaron las fotos de rigor, se colocaron las cámaras y el Eterno, sentado en la mesa presidencial, rodeado de angelitos con gorro de Papá Noel, comenzó a informar, mientras las grabadoras funcionaban y los periodistas no cesaban de tomar notas en bloc de mil colores.

“Y dijo Dios”:

“Este año me ha costado mucho construir mi Belén. Todos los enseres y materiales de otros años: los que manejé desde miles de siglos, la cunita que me regaló un carpintero de Mesopotamia hecha de cedro del Líbano, el S. José con el brazo escayolado, la Virgen que ya se mantenía de rodillas gracias a un musgo y hasta el Niño que fue reemplazado varias veces, pasó a mejor vida en una caja enorme de cartón en el cuarto de trastos en la azotea. Últimamente han cambiado tantas cosas que hemos tenido que levantar una nave para materiales que han de ser reciclados.

He ido modelando los paisajes, configurando montañas, diseñando ríos y mares lentamente, con dificultad. He visitado todos los pequeños comercios de chucherías y cachibaches, los “ciento cincuenta”, los rastros, y las tiendas de de artesanía. También me he visto obligado a construir con escayola, saco, cartón y otros materiales, piezas necesarias para este nuevo Belén. Me he paseado por miles de paisajes. Algunos no los veía desde que los coloqué allí por primera vez. Estaban casi intactos. Tomé fotos de algunos lugares para hacer vaciados y modelarnos a menos escala para mi portal.

Desde el día de Santa Lucía, para seguir la tradición, puse a todos los angelitos del colegio de párvulos a plantar las sementeras en las latas de sardinas vacías. Quiero que la vieja costumbre no se pierda. Ellos son siempre los encargados. He pasado horas sentado en el suelo, con la purpurina entre las uñas, he caminado con dificultad entre corchos, arpilleras y papeles de colores por toda la balconada que se asoma sobre los confines inmensos del mundo, en noches tachonadas de estrellas, y días llenos de sol. Ha sido un auténtico tenderete, un mercadillo lleno de virutas, ramas de abetos, anilinas y plásticos en vísperas de Navidad.

He colocado los paisajes de fondo a base de lienzos de papel continuo; no son los paisajes lejanos del Belén de siempre con las montañas de Judea, las cúpulas de la Ciudad Santa y las arenas del desierto con el caminito clásico de palmeras. Son paisajes de océanos remotos, con montañas sagradas de países casi desconocidos junto al Himalaya, a las crestas del Machupicchu y el Fujiyama el monte sagrado de los Japoneses. La ciudad lejana es el bosque de rascacielos de Nueva-Yokt sin Torres Gemelas. Un horizonte un tanto pintoresco, por la combinación de planos, pero que con sus contrastes abren un abanico que conecta con todos los rincones del mundo en sus más variadas épocas. Por la parte derecha asoma tímidamente la cúpula de la Mezquita de la Roca de Jerusalén y las murallas del templo en todo su esplendor de época. Por la izquierda, cierran los marcos del decorado, unas pagodas chinas.

El relieve del paisaje es de lo más variado: quebradas, montañas, ríos, lagos, zonas quemadas por los volcanes, cordilleras elevadísimas de los Andes, cataratas, desiertos inmensos, nieves perpetuas, selvas vírgenes. Todo, en momentos distintos de la historia. Se puede contemplar la ciudad de Petra en su estado actual y la Babilonia de los jardines colgantes con los tanques de los americanos por entre las plazas y los edificios derrumbados por los misiles. Me ha llevado mucho tiempo el imaginar los paisajes, seleccionar las muestras y encajar cada pieza geográfica en un lugar adecuado al estilo de un puzzle que sintetizara, junto al relieve, la historia. Ha sido casi otra creación. La creación fue sólo una vez y hasta olvidé aquello del “hágase”. Fue relativamente fácil decir las palabras mágicas con la ingenuidad del inicio, pero ahora, decirlas delante de un montón de hierros para que se conviertan en misiles, se me hace imposible. Esto lo digo consciente de que alguno de Vds. pueda dudar de mi omnipotencia divina.

Por fin, me puse a construir los escenarios de los relatos principales. Como en los portales clásicos, he comenzado por la búsqueda de posada. Ya no me servía el pueblo de Belén. Si conocen el Belén actual ya saben qué variedad de hoteles y pensiones de todo tipo han construido. Por eso he colocado a José y a María embarazada por las ciudades donde deambulan cientos de indigentes sin techo. El modelo lo escogí de entre los que se concentraron en el Parque Santa Catalina (de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, Islas Canarias, España) el mes pasado que se quedaron en la calle porque la clausura de algunos centros de acogida. En esa ciudad de posadas clausuradas hay adolescentes africanas obligadas a la prostitución serpenteando por las esquinas, moribundos que no tienen un lugar donde dejar el último suspiro. Por esas calles, en un borrico que se cae a cachos, se pasea el espectáculo de un muchacho que se llama José con su esposa embarazada. ¿Alguien tendrá la suerte de hospedarlos?

El Palacio de Herodes no lo construí de nuevo. Tenía tantos que no sabía realmente cuál escoger. Allí, entre los trastos, estaba el de toda la vida con los niños muriendo a golpe de espada de los sayones con cara de demonios. Coloqué otro, más actual, alfombrado con piezas elaboradas por mil niños allá en países lejanos, rodeado de adolescentes soldados ejercitandose, desde el vientre de la madre, para la guerra. Es un palacio donde los “inocentes” son los sirvientes, los esclavos, los objetos de placer y distracción para toda la corte. Coloqué, en una de sus salas, unas figuritas que me encontré en este viaje por el mundo: niños atados de pies y manos delante de una TV sin poder mirar para ningún otro lugar y con la cabeza configurada en forma de pantalla.

He conseguido una colección de pastores y pastoras pintoresca y variada: Guatemaltecos, peruanos, congoleños, saharauis, chinos japoneses, hindúes, guineanos, colombianos, esquimales… Creo que no se me ha quedado ningún pueblo, ni ninguna raza. Esto ha sido un trabajo de meses porque no imaginé que Adán y Eva se iban a tomar tan en serio eso de la procreación. Así que cuando lo visiten podrán ver cada una de las culturas que pueblan la faz de la tierra con sus atuendos, trajes típicos, peinados propios, tatuajes, pirces, taparrabos y túnicas de colores. Tanto el campo de los pastores como el camino hacia el Portal está lleno de colorido y animación porque también cargan sus instrumentos musicales e interpretan bailes, ritos y tradiciones de lo más variado y exótico. No se ha quedado nadie fuera. Bueno, también están los de siempre: los judíos, los de Belén, los europeos y los católicos claro.

Allá por uno de los caminos se acerca la caravana de los magos : uno tras otro, se van acercando los personajes de las más variadas religiones. Ha sido un trabajo minucioso, lupa en mano, para rebuscar en el censo que tenemos en los archivos. De esto se ha encargado especialmente el arcángel archivero. Se encontró que muchas religiones sólo fueron fruto de épocas. Pero en las últimas décadas se han dado de alta casi el doble de las que existían. Muchas de ellas no reunían las condiciones, pero se amplió el estatuto y también se les ha legalizado. Es una mezcla de creencias ritos y prácticas del pasado con elementos del presente. No esperaba esto de los postmodernos y menos de los neoliberales. Este fenómeno ha duplicado mi trabajo para poder estar en miles de ritos, cultos y lugares sagrados. Podrán contemplar la comitiva que se organiza desde las figuras diminutas del horizonte, hasta las que aparecen en primer plano de tamaño natural. Creo que es fenómeno digno de ser estudiado por la sociología y la antropología.

La cueva ha quedado intacta. ¿Cómo va a hacerse un portal sin cueva, sin pesebre, sin establo? La mula y el buey son los de siempre y se lo tienen bien merecido. Han sido los testigos que nunca han faltado y han ofrecido siempre una nota de ingenuidad y ternura.

José lo he puesto joven de dieciséis años, uno de los muchachos de contratos basura que me encontré en unos grandes almacenes haciendo turnos sólo por Navidad. Había hecho un módulo porque así se lo recomendaron al terminar la ESO y está “a lo que salga”. María es una colombiana que trajeron engañada para la prostitución, ha podido librarse y trabaja cuidando a una persona enferma las veinticuatro horas del día. Es menor de edad y sólo tiene quince años. Es una pareja que inspira candor al mismo tiempo que respeto. Creo que al modelarnos me han quedado bien.

El problema que se me ha planteado con el niño. Es lo principal, el centro, lo que da sentido a todo. Lo he ido dejando para el final porque no sabía como hacerlo. He de confesarlo, aunque, una vez más, les ponga en duda frente a mi omnipotencia. Para mi, no fue problema la creación del universo ya que todo iba respondiendo a mi palabra con exactitud. El problema fue cuando decidí eso de la encarnación. Estuve pensandolo, diseñándolo, haciendo pruebas, experimentando un largo tiempo que se extendió desde el Génesis hasta el Nuevo Testamento.

¿Cómo hacer el niño? ¿De donde tomarlo?¿ Cuál sería el modelo? Con la clasificación de las razas que traía la Enciclopedia de Dalmau-Carles delante, llegaba a la conclusión que no podía ser sólo negro, ni sólo cobrizo, ni sólo blanco, ni sólo amarillo; y en la lista de las religiones ni sólo cristiano, ni sólo judío, ni sólo musulmán, ni sólo maya, ni sólo hindú, ni sólo…

En medio de este debate interior recordé una canción que hace unos años se repetía en las celebraciones y con la que me sentía muy a gusto: “El agua no tiene color, Dios no tiene color”. Y me dije ¡Eureka! ¡El niño no tiene color!. Es como el agua que no tiene ningún color pero los refleja todos: cada rostro se puede ver reflejado en él sin apropiárselo, cada cultura puede rastrear en él sus orígenes, cada religión puede encontrar una referencia en su aureola abierta a todos, cada instante de la historia puede leerse en fondo de sus ojos, cada marginado puede recogerse en el hueco de sus manos.

Este niño nadie se lo podrá apropiar, ni podrá clasificarlo, ni ponerle denominación de origen, ni etiqueta o marca de fábrica.

Les invito a todos y todas a visitar y observar detenidamente este Belén que a mi también me ha resulta un poco exótico, pero la verdad que es éste el que siempre quise construir”.

Todos los angelitos se quitaron el gorro de Papá Noel y exclamaron: Palabra de Dios.

Cuando se apagaron los micros, los periodistas desconectaron sus grabadoras y cerraron sus libretas comenzaron a repicar todas las campanas del mundo.

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